Saturno devorando a su hijo.

Recuerdo haber visto aquella pintura tan famosa de Francisco de Goya, “Saturno devorando a su hijo”. No sé si alguna vez la hayan visto, existen distintas interpretaciones, pero en lo que todas coinciden es en la imagen brutal de un padre devorando a su propio hijo. El arte admite lecturas múltiples, apreciaciones poliédricas; sin embargo, para mí representa algo muy concreto: aquello en lo que crees —o de quien esperas protección, llámese figura o sistema— puede terminar devorándote y eso genera una decepción profunda.

Recuerdo cuando comenzaba a entrar al mundo del derecho; a unos cuatrimestres de salir de la universidad, ingresé a realizar mis prácticas en una fiscalía estatal; llegué con el anhelo de dar lo mejor de mí; con el tiempo, empecé a ver prácticas que me hicieron cuestionarlo todo: que el esfuerzo no siempre paga; que en cualquier momento pueden prescindir de ti si no tienes el respaldo de un “padrino”; que se puede lucrar con la justicia o en nombre de ella; que la justicia, en muchos casos, es selectiva.

También entendí que hacer bien el trabajo puede generar sospechas, y hacerlo mal no necesariamente tiene consecuencias si estás bien apadrinado. Que los de abajo sostienen la carga, mientras que los de arriba —con sus excepciones— muchas veces no hacen lo que deberían, en ese sentido, el sistema termina por comerse a sus propios hijos, como en la pintura de Goya. Terminé asqueado y decidí salir a buscar otras oportunidades.

Tiempo después, me llamaron de un despacho, me plantearon el asunto, propuse la estrategia, me comentaron aqui en el estado “las cosas no se hacen asi”, aqui se trabaja con influencias; al responder que no trabajaba de esa manera, me dijeron que no importaba cuánto supiera, porque “a los jueces también se les puede comprar”. No sé si se entienda el punto al que quiero llegar.

Actualmente me siento decepcionado, incluso asqueado de muchas cosas, he pensado en dedicarme a otras cosas, tal vez aun que ames tanto, no es para ti. Pero hay algo en mí que me obliga a seguir. A quienes lean esto: quizá no lo expresé de la mejor manera, pero lo que intento decir, es que no se den por vencidos; conserven aquello que los motivó a dedicarse a esto, por más difícil que parezca.

Y viene a mi mente aquel poema de Charles Bukowski:

“Si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
De lo contrario no empieces siquiera.
Tal vez suponga perder novias,
esposas, familia, trabajos
y quizás hasta la cabeza.
Tal vez suponga no comer durante
tres o cuatro días,
tal vez suponga helarte
en el banco de un parque.
Tal vez suponga la cárcel, la humillación,
el desdén y el aislamiento.
Tu aislamiento.

Todo lo demás sólo sirve para poner
a prueba tu resistencia,
tus auténticas ganas de hacerlo.
Y lo harás.
A pesar del rechazo y
de las ínfimas probabilidades,
y será mejor que cualquier cosa
que pudieras imaginar.
Si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
No existe una sensación igual.
Estarás sólo con los dioses
y las noches arderán en llamas.”

En mis momentos más oscuros, me sirve como mantra. Ojalá también te sirva a ti.

J.A.C.Z.
Abril, 2026

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